Guapi es reconocida por las músicas de marimba, danzas y cantos tradicionales
que se reúnen en temas y bailes como el currulao, el bunde, la juga , el bambuco viejo y muchos más.
"Nostalgia" (Bundle)
Al indagar por estas músicas características del Pacifico Sur, se devela un universo de tradiciones y relatos que nos llevan de manera profunda a significados más amplios de la música, el Pacífico y del ser guapireño.
La marimba, o el ‘piano de la selva’, como se le conoce en
el Pacífico, la trajeron los abuelos desde África “caminando, como llega usted a Guapi hoy”, relata Pacho Torres, virtuoso del bombo de la dinastía Torres. Desde ahí, bisabuelos, abuelos, hijos e hijas la han “cultivado” hasta nuestros tiempos.
Elver Paz, integrante de la agrupación Legado Pacífico, asocia su forma con la de un puente o una escalera que los conecta en el tiempo con sus ancestros y con su futuro:
“Si yo entono una juga, que cantaba mi abuela, yo entono pensando en ella, si yo entono un bunde que cantaba mi abuelo, lo entono pensando en mi abuelo, lo hago presente, lo resucito. Entonces esto es algo más allá… es un puente que nos une con el pasado, nos conecta con el presente y que nos empuja al futuro, en un futuro en el que ya no vamos a estar, en que no nos van a ver más, pero que otros van a cantar nuestras canciones y se van a acordar de nosotros.”
Elver
Esta asociación revela la complejidad de la creación musical en Guapi que va mucho más allá de la marimba y que involucra un sistema de vida y de creencias en el que se conjugan lo humano y lo divino, los vivos y los muertos, la selva y el cosmos, en un entramado de instrumentos, cuerpos y cantos que reflejan la esencia misma de las y los guapireños.
Seres que le cantan a los santos y a los ancestros realizando tareas cotidianas al igual que lo hacen los vivos, ocupando todos ellos un espacio y una labor en el presente.
"Canción a los santos"
Alrededor de la música y el baile se juntan distintas generaciones y se vive el día a día; en las fiestas patronales, de semana santa y de diciembre, en las casas, en los arrullos y funerales, o en las calles y bares.
“La música en nosotros es pura paz, armonía, hermandad, porque nuestra gente cuando iba al campo a trabajar la tierra, al salir a las zonas pobladas o la casa, el que no tenía una marimba, tenía una guitarra; entonces siempre ha estado alrededor de la música ese sistema de unidad”
Silvia Mancilla
La unidad se refleja en los procesos de creación donde se conjuga los cantos y chureos;
la sabiduría ancestral; los instrumentos de percusión como la marimba, los bombos,
los cununos y los guasas; el destilado de caña ‘viche’;
la energía y el calor; la inspiración o tema de la composición y los sabores tradicionales que se juntan en la preparación
del ‘tapao’, o sancocho de pescado que no puede faltar en la práctica musical.
Si bien en el currulao y el bambuco viejo los cantos siguen a la marimba, en la juga y el bunde,
son las cantadoras las que dan la tonada y los demás instrumentos y músicos las siguen. El chureo, que expresa un lamento o quejido, acompaña el bambuco viejo que abre la marimba, seguida por los bombos, los cununos, las cantadoras y los guasás.
“ va cantando uno y siente la alegría … no va uno acordándose de nada en esos momentos, sino de la sola alegría ”
Doña María
“ Es como un éxtasis… una emoción!... Es como estar en el cielo ”
Pepe
El canto está presente en todo y a través de ellos relatan sus historias, sus creencias, su día a día. Las mujeres son quienes principalmente cantan y enseñan a cantar; ellas entonan y otros responden.
Así repitiendo, con ‘el respondido’, las mujeres le enseñan a futuras generaciones a cantar, conformando un sistema de memoria que no sólo preserva las letras de sus músicas y bailes, sino las enseñanzas de sus ancestros, sus fuentes de inspiración y esperanza.
“Si se muere alguien, se canta; si nace alguien lo arrullan; hay una fiesta patronal
y hay que arrullar; siempre se canta. Si están cogiendo arroz, cantan, si están
chinchorriando la gente canta, sus versos, sus cosas; el canto siempre está ahí.”
Nany
Los hombres por su parte, fabrican y tocan los instrumentos, actividades que están
ligadas a la caza y al conocimiento profundo y místico de la selva.
Ella provee los alimentos y refugio pero también la madera, el bejuco y las pieles de
animales con las que fabrican los instrumentos.
La chonta y el balso, se recogen en luna llena, pues es el momento de humedad preciso que le da solidez a los instrumentos. La piel de los animales se escoge cuidadosamente según el sonido que produce. Para los bombos, el mejor cuero es el del venado que “da un sonido único”. El pellejo de la oveja también, pero no es el ideal. Se evita usar la piel del tigre ya que al ser un animal que ataca por detrás, se cree que devuelve su furia al tocar.
“los animales de monte como el zaino, el tatabro, y el venado son los mejores, y hasta el león”
Pacho Torres
De manera ritual, el viche está siempre presente en la música y en la cotidianidad; ayuda a calentar el cuerpo y prepara el ambiente para tocar. Es también un símbolo de respeto y apreciación; cuenta Doña Marta, cantadora de Limones, que lo que más disfruta cuando la invitan a cantar es que la tratan muy bien, la hacen sentir "muy acogida”.
A base de viche también preparan las medicinas tradicionales con las que curan enfermedades como el mal de ojo, el espanto, el paludismo, o la tifoidea; y también bebidas tradicionales como el curao y la toma seca. Al salir a pescar en la madrugada, los pescadores se toman dos tragos de curao para mantener el calor del cuerpo, en tanto las parteras usan la toma seca para sacar el frío del vientre a las mujeres cuando se les dificulta concebir.
“Esto es lo que nosotros acá usamos… y vea cómo estamos nosotros acá llenos de vida!”
Doña Ceferina
“llama uno a la gente, se toma un traguito, se junta, y arranca a tocar”
Pacho Torres
En el hacer, en la repetición, viendo, oyendo y siguiendo se aprende a tocar y a
hacer música en Guapi. Sus técnicas y destrezas se perfeccionan a través de esta
repetición casi ritual. Doña María aprendió con su madre; poniéndole cuidado a “los viejos”,
oyendo cómo cantaban, viendo “cómo hacían la cosa” en tanto Chela Torres creció con
la marimba
mientras su padre las fabricaba y ella hacía el oficio con su madre.
Fue ella quien la llamaba para que practicara el canto; le enseñaba los versos y ella la seguía. Su padre, “se enamoró” de su voz y le dijo: “mija usted si sirve para cantar,
porque usted sacó la misma sangre mía". Estas palabras y la fe en Dios le dieron
la seguridad de que lo haría bien y
la animaron a cantar.
“No es una fe que se adormece, sino una fe muy despierta que te lleva a cuestionar sin dudar”
Elver
Fe en dios, en los sueños, y en los antepasados, quienes les indican el camino y están siempre presentes en él. Así mismo se aprende a tejer, a cocinar, o a preparar las medicinas y bebidas tradicionales, juntando los saberes ancestrales con sus propias ideas e innovaciones. Nayibe Torres, propietaria de la sala de belleza ‘Nayibe’ y fabricante de las bebidas ‘Nayi, sabroso, delicioso y vigoroso’, cuenta que su papá preparaba las bebidas y que más adelante aprendió con un amigo cercano. Poco a poco, ella fue innovando en la receta, agregándole nuevas plantas y métodos, intentando con distintos envases hasta producir sus bebidas distintivas.
Los procesos de aprendizaje y creación musical también se han dado de la mano de la iglesia católica por el papel que ésta ha ocupado en la cultura y en la conformación de las primeras escuelas en el Pacífico y en Colombia. La iglesia hoy es no solo un escenario musical sino un patrocinador de la cultura al apoyar programas de formación emprendidos por músicos locales para preservar el “legado”.
“Porque ellos son lo que llevan la esencia de nuestro territorio, en los instrumentos y en todos sus saberes”
Pepe
Los desplazamientos y movimientos,
voluntarios y forzosos, dentro y fuera del Pacifico, también han jugado un papel fundamental
en la creación y
transformación musical. En el encuentro con otras formas y realidades,
reafirman lo valioso de su territorio, la importancia de la diferencia y
la dificultad de subsistir lejos de casa; también lo hace el reencuentro con los
‘paisanos’ en lugares como la Sevicheria Guapi en Cali, donde se reúnen a comer, tomar y cantar.
Gracias al ‘reencuentro’, se desencadena un proceso de re-significación de tradiciones,
convirtiéndose la cevichería en un escenario para tocar, cantar, renovar y consolidar sus
músicas y costumbres.
Hoy, cada vez más mujeres tocan instrumentos, incluida la marimba que solía ser una labor única de hombres. Ellos a su vez cantan arrullos y alabados junto con las cantadoras, liderando y respondiendo.
Jóvenes que ‘cuando grande’ quieren ser físicomatemático (Santiago), cantante de reggeaton (Yeimy), infante de marina (Yumeli), futbolista profesional (Pepe), profesor de música del Pacífico (Pichi), o “tantas cosas que aún no se que escoger” (Camilo). Aun así, todos quieren combinar su profesión con “la cultura del Pacífico”; quieren aprender y enseñar a tocar y a cantar. Y a su vez, contarle a la gente que cuando se habla de cultura se habla “hasta de lo que nos comemos”, porque hay una forma específica y muy particular en el Pacífico de preparar los alimentos y llevarlos a la mesa; de tejer las atarrayas o de construir las casas de madera.
"Guapi suena y truena; marimba mas fuerte que un rifle"
La música en Guapi es un sistema de unidad donde los vivos le cantan a los muertos y a los santos;
donde la selva les proporciona el alimento y los instrumentos; donde los ciclos de la luna
determinan el momento preciso para cortar la palma de chonta o la madera. En donde la fe y Dios,
pero también los sueños, las madres y padres, sus ancestros les indican que nacieron para tocar,
cantar y bailar, o para realizar cualquier otra labor.
Prácticas y costumbres que no se adormecen en el tiempo, sino que se transforman y
actualizan. Una cultura que los identifica y reivindica en el tiempo; por medio de
la cual existen y re-existen en medio del olvido y del conflicto;
en silencio exigiendo una presencia diferenciada en el mundo a
través de su entramado cultural. Un sistema de unidad permanentemente amenazado por el
abandono estatal, el narcotráfico, el glifosato, y la extracción exacerbada de recursos.